La ciudadanía y los pueblos del mundo nos oponemos a la propiedad intelectual sobre las semillas, y reivindicamos restaurar nuestros sistemas alimentarios locales y la biodiversidad agrícola

 

1 de junio de 2020

El 26 de abril de 2020, organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo hicimos un llamado colectivo a celebrar el Día Internacional de la Semilla, y no el Día Mundial de la Propiedad Intelectual. Desde 46 países, 348 organizaciones nos unimos para condenar el desvergonzado maquillaje verde de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y su expedita promoción de la draconiana supuesta protección de variedades vegetales (PVV) y sus patentes, promovida por la Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV), como motor de un futuro verde, cuando promueven todo lo contrario.

 

En medio del confinamiento y el aislamiento social, Twitter, Facebook e Instagram ardieron al ilustrar la indignación colectiva y la resistencia contra el creciente control corporativo sobre nuestras semillas y sistemas alimentarios.

 

El #díainternacionaldelassemillas alcanzó a más de 300 organizaciones y personas por todo el mundo que respalda la campaña. Organizaciones como SEARICE (Southeast Asia Regional Initiatives for Community Empowerment), Right to Food, GRAIN, Weleda Health and Pharmacy (SA), la Fundación Gaia (RU), Irish Seed Savers y la Alliance for Food Sovereignty in Africa compartieron fotos y la diversidad de las semillas originarias que están protegiendo. Con esta demostración de fuerza, las personas y las comunidades sembraron semillas de desafío en todos los rincones de la Tierra, celebrando la riqueza y la sabiduría de campesinas y campesinos, compartieron sus saberes de cómo cuidar las semillas, reivindicando estas semillas como regalos que no tienen precio, y como fuente vital para el sustento de la humanidad.

 

La respuesta global indica hasta qué punto campesinas, campesinos y ciudadanía del mundo se percatan de que las patentes sobre las semillas y los sistemas de Protección de Variedades Vegetales (PVV) restringen y disuaden la innovación.[1]

 

Como explica Nori Ignacio de SEARICE, “esto es especialmente cierto respecto de la innovación de campesinas y campesinos que crearon la diversidad de nuestros cultivos, y que es vital para la supervivencia de todos nosotros”.

 

En camino hacia el 26 de abril, los grupos de la sociedad civil mundial hicieron un llamamiento conjunto a la acción para: celebrar las semillas y los sistemas de semillas originarias y campesinas; hacer realidad los derechos de los agricultores; refutar las afirmaciones hechas por la industria semillera de que es necesaria la propiedad intelectual de las semillas. En respuesta, hemos visto a la gente de campo y ciudad, de todo el mundo por igual, levantarse para luchar por el futuro de nuestras semillas. (Ver la declaración y llamado a la acción aquí)

 

Lim Li Ching de Third World Network e IPES-Food explica: “La crisis de salud provocada por el Covid-19 ha fomentado una crisis económica y ha expuesto los subyacentes riesgos y fragilidades, las desigualdades de los sistemas alimentarios industriales”.[2]

 

En tanto las comunidades pobres y vulnerables hacen maromas para asegurar acceso a los servicios de salud, medicamentos y comida durante la pandemia de Covid-19, surgen signos de que campesinas y campesinos en pequeña escala e infinidad de movimientos sociales por todo el mundo están reorganizando  y restructurando sistemas alimentarios locales, en aras de los intereses de la gente y el planeta. Estos movimientos están tejiendo alternativas, buscan y encuentran modos de vincular a pequeños productores con comunidades locales para continuar el suministro de alimentos, incluso en situaciones difíciles, y nos ofrecen destellos de los que pueden ser los nuevos y flexibles sistemas alimentarios del futuro.

 

El brote del Covid-19 apunta a las complejas interacciones entre la deforestación, la reducción de la diversidad biológica, la destrucción de los ecosistemas, de la salud y la inocuidad sanitaria de las personas, algo que provocó el sistema alimentario agrícola industrial controlado por las corporaciones, del cual UPOV es una parte intrínseca.[3]

 

UPOV es parte de la arquitectura global de las leyes de propiedad intelectual, junto con las leyes de semillas, que respaldan e incrustan el actual sistema alimentario agrícola corporativo de monocultivo industrial. Este sistema se basa en la mercantilización de la naturaleza y los saberes, y socava de un modo severo los derechos y los sistemas campesinos de cultivo, erosiona la biodiversidad y ha provocado gran destrucción a los sistemas que sostienen la vida en la Tierra.

 

“Si envenenan la semilla, envenenan la comida. Envenenan la planta e interfieren con el sistema alimentario —si no contáramos con lo silvestre estaríamos matándonos a través del sistema alimentario”, dice Mphatheleni Makaulule, del programa de sistemas alimentarios y de semillas, Dzomo la Mupo.

 

En este punto de quiebre de la historia, es esencial para nosotros reclamar la diversidad de nuestras semillas, nuestros ecosistemas biodiversos, nuestros paisajes bioculturales, nuestros territorios, que son el soporte de sistemas alimentarios seguros y nutricios, que salvaguardan millones de modos de vida y sustento. A la luz de la pandemia, exigimos una plena protección y el cumplimiento de los derechos de los pueblos originarios y de campesinas y campesinos en pequeña escala por todo el planeta.

 

Como sociedad civil llamamos a la transformación urgente de nuestros sistemas agrícolas y alimentarios creando economías localizadas y circulares construidas a partir de prácticas ecológicas que permitan la resistencia a todos los niveles, y que protejan los derechos campesinos y los sistemas tradicionales de semillas. Deben desecharse las barreras a la diversidad, en particular aquellas que atentan contra los recursos genéticos agrícolas, y no debemos inhibir el pleno y libre uso ni el intercambio responsable de variedades y razas genéticamente diversas entre el campesinado, las comunidades o los criadores públicos.

 

Llamamos a los gobiernos a que reorienten e institucionalicen los subsidios agrícolas y las inversiones en investigación hacia la agroecología, y que inviertan y apoyen los sistemas de semillas campesinas y los mercados locales. Todas las leyes y políticas sobre semillas y agricultura deben reevaluarse  redactarse de nuevo para que apoyen a plenitud estos sistemas alimentarios.

 

Juntos, debemos resistir este sistema de semillas privatizado que invade y busca incrustarse y debemos restaurar los ecosistemas mediante una producción agroecológica y sistemas alimentarios localizados. Un sistema alimentario y de semillas mucho mejor, es posible. Uno que responda a las necesidades de la gente, y que tome en cuenta el cuidado de la Tierra. Hagamos nuestra la responsabilidad de proteger quienes salvaguardan nuestro futuro.

 

 

[1] Braun, V and Herstatt, C., 2009. User-Innovation: Barriers to Democratization and IP Licensing. Routledge

[2] Ver http://www.ipes-food.org/_img/upload/files/COVID-19_CommuniqueEN%283%29.pdf

[3] https://wedocs.unep.org/bitstream/handle/20.500.11822/7664/Frontiers_2016.pdf?sequence=1&isAllowed=y ; https://www.nytimes.com/2012/07/15/sunday-review/the-ecology-of-disease.html; https://www.acbio.org.za/en/monoculture-effect-and-covid-19

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